Del carruaje montado sobre ruedas de madera revestidas de hierro a los primeros camiones semirremolque modernos

29 de septiembre de 2022

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Después de la Primera Guerra Mundial los neumáticos de caucho sustituyeron a los de goma maciza, se añadieron los motores de arranque eléctricos, los frenos y los motores de 4, 6 y 8 cilindros, y se cerraron las cabinas, a las que se dotó de iluminación eléctrica.
El primer camión de la historia: con él empezó todo – PARTE 2

Seguimos explicándote la historia del primer camión que comenzamos en el post anterior. En 1895, el alemán Karl Benz, que ya había creado los primeros vehículos de combustión interna, usó uno de sus modelos, el Benz Velo, como base para crear el que se considera el primer camión de la historia. Empezaba así la intención por mejorar estos automóviles que permitieran transportar más carga y más lejos.

Un año después del invento de Benz, otro alemán, Gottlieb Daimler, creó su propio modelo de camión. La base, en este caso, fue un carruaje montado sobre ruedas de madera revestidas de hierro. Daimler sustituyó la barra de tiro tradicional de los caballos por un motor que proporcionaba la fuerza necesaria. Se trataba de un motor Phoenix de dos cilindros equipado con transmisión por correa con cuatro velocidades.

Añadió al vehículo original una cabina elevada para el conductor en la parte delantera y en uno de los laterales de la caja de carga imprimió la leyenda “Daimler-Motoren-Gesellschaft Cannstatt”.

Ese primer prototipo era capaz de mover una carga útil de 1.500 kg. Curiosamente, la compañía no consiguió vender ni uno solo de estos camiones en Alemania, donde el público en general parecía más interesado en los coches que en estos vehículos de carga, aunque sí consiguió vender uno de sus primeros camiones en Inglaterra.

Otras compañías automovilísticas como Renault y Peugeot, también construyeron sus propias versiones en el mismo año en Europa, mientras que en Estados Unidos, fue la compañía Autocar la que construyó el primer camión en ese país en 1899. En general, todos aquellos primeros camiones utilizaban motores de dos y cuatro cilindros y tenían una capacidad de carga de entre 1.500 y 2.000 kilos.

Después de la Primera Guerra Mundial llegaron otros avances significativos: los neumáticos de caucho sustituyeron a los de goma maciza, se añadieron los motores de arranque eléctricos, los frenos y los motores de 4, 6 y 8 cilindros, y se cerraron las cabinas, a las que se dotó de iluminación eléctrica. Fue la época en la que aparecieron los primeros camiones semirremolque modernos, a los que seguirían los camiones pesados creados por Ford y Renault.

Los motores diésel, sin embargo, no se implantaron hasta la década de 1930 en los camiones, a pesar de que ya se habían inventado en 1890. Y eso en Europa, en Estados Unidos aún tardarían muchos años más en imponerse. De hecho, en la década de 1970 todavía existían camiones pesados con motores a gasolina. No era así en Europa y Asia, donde ya habían sido reemplazados 20 años antes.

El diésel ofrece una serie de ventajas en camiones frente a otros combustibles: tiene un precio menor y dan más potencia al motor. Además, los motores diésel aportan más torque (potencia de tracción), son más longevos, se adaptan a condiciones adversas de temperatura y cada vez contaminan menos.

En la actualidad, además del diésel y la gasolina, hay camiones que funcionan con gas natural licuado (GNL), aunque no es esta la opción mayoritaria. Este combustible emite menos emisiones contaminantes al medioambiente, pero exige una adaptación especial en los depósitos de carburante y en los motores, lo que los hace más caros.

La opción de camiones eléctricos empieza a ser viable y en pocos años veremos un cambio substancial y ¡#Romu estará a tu lado para carrozarlos!

Esperamos que esta segunda parte de la historia del camión te haya gustado. ROMU siempre a tu lado ¡Y siempre en movimiento!

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